¡Indig­né­mo­nos! – Flo­ren Aoiz

Son tiem­pos para la indig­na­ción. Deje­mos de lado por aho­ra la rabia que pro­vo­ca la obs­ce­na apo­lo­gía del ase­si­na­to y el ojo por ojo cuan­do de matar a Ben Laden o parien­tes de Gada­fi se tra­ta. Bas­tan­te tene­mos con nues­tras razo­nes para la indig­na­ción. Tras la últi­ma deci­sión del Tri­bu­nal Supre­mo del Rei­no de Espa­ña con­tra los dere­chos ele­men­ta­les de la ciu­da­da­nía vas­ca, nue­vas olea­das de indig­na­ción reco­rren nues­tro país. Olea­das de rabia, de enfa­do y de asco. Espa­ña, que nos arrui­na y nos quie­re arras­trar a su deba­cle, con cin­co millo­nes de per­so­nas en paro y un pro­yec­to cadu­co, se resis­te a acep­tar que mien­tras se enca­mi­na al pre­ci­pi­cio las ciu­da­da­nas y los ciu­da­da­nos vas­cos tene­mos otro hori­zon­te. De Madrid nos lle­ga otra vez la impo­si­ción fren­te a una deman­da de demo­cra­cia. Envia­mos men­sa­jes de paz y nos res­pon­den con prohi­bi­cio­nes. Pro­mo­ve­mos un esce­na­rio de paz y nos envían poli­cías arma­dos has­ta los dien­tes y nue­vas limi­ta­cio­nes a las liber­ta­des elementales.

Son dos para­dig­mas, dos visio­nes con­tra­pues­tas. Con deci­sio­nes como esta, ellos creen enviar­nos un men­sa­je de fuer­za y fir­me­za. Así es como lo ve el mun­do del nacio­na­lis­mo espa­ñol. Fue­ra de ese mun­do, por el con­tra­rio, la per­cep­ción es muy dife­ren­te: están per­dien­do la bata­lla de las ideas y su intran­si­gen­cia no hace sino debi­li­tar más sus posi­cio­nes. Don­de algu­nos ven fir­me­za demo­crá­ti­ca, muchos otros vemos simi­li­tu­des con los regí­me­nes más antidemocráticos.

El vete­rano mili­tan­te anti­fas­cis­ta Stépha­ne Hes­sel, en su libro «Indig­nez-vous!», del que he toma­do la lla­ma­da a la indig­na­ción, dice lo siguien­te sobre la situa­ción en Pales­ti­na: «He cons­ta­ta­do, y no soy el úni­co, la reac­ción del Gobierno israe­lí ante el hecho de que cada vier­nes los ciu­da­da­nos de Bil»id van, sin arro­jar pie­dras, sin uti­li­zar la fuer­za, has­ta el muro con­tra el cual pro­tes­tan. Las auto­ri­da­des israe­líes han cali­fi­ca­do esta mar­cha de “terro­ris­mo no-vio­len­to”. No está mal… Hay que ser israe­lí para cali­fi­car de terro­ris­ta a la no-violencia.(…)».

Hes­sel se equi­vo­ca, no hay que ser israe­lí para cali­fi­car una apues­ta no vio­len­ta como terro­ris­ta. Los jue­ces espa­ño­les con­si­de­ra­ron hace ya unos años que una aso­cia­ción vas­ca que pro­mo­vía fór­mu­las de des­obe­dien­cia civil no vio­len­ta lo hacía por órde­nes de ETA. Y aca­ban de prohi­bir par­ti­ci­par en las elec­cio­nes a una coa­li­ción que recha­za el uso de la vio­len­cia en defen­sa de las ideas polí­ti­cas. Pero Hes­sel nos ofre­ce una pis­ta para ver a a los gober­nan­tes espa­ño­les como lo más cer­cano en la Euro­pa del siglo XXI al sio­nis­mo cri­mi­nal domi­nan­te en Israel. PP y PSOE esta­rán muy orgu­llo­sos de su intran­si­gen­cia, pero esta es la ima­gen que están ofre­cien­do al mundo.

Al mun­do y, sobre todo, a Eus­kal Herria. La rabia que estos días se gene­ra­li­za en Eus­kal Herria no es coyun­tu­ral ni obe­de­ce a un estí­mu­lo pasa­je­ro. Lle­va mucho tiem­po acu­mu­lán­do­se y ha ido en aumen­to des­de que se die­ron los pri­me­ros pasos hacia un nue­vo esce­na­rio polí­ti­co, por­que la ciu­da­da­nía vas­ca ha com­pro­ba­do cómo el Esta­do espa­ñol res­pon­día con agre­si­vi­dad, deten­cio­nes, tor­tu­ras y prohi­bi­cio­nes a los esfuer­zos vas­cos para sus­ti­tuir la fase de con­fron­ta­ción con expre­sio­nes arma­das por un nue­vo ciclo sin vio­len­cias ni imposiciones.

Esto es algo que debie­ran tomar en con­si­de­ra­ción quie­nes cele­bran la deci­sión judi­cial, enési­ma evi­den­cia de la per­vi­ven­cia del cor­dón umbi­li­cal con el fran­quis­mo. Podrán apun­tar­se un nue­vo tan­to, si quie­ren, pero hoy en Eus­kal Herria es un día para la indignación.

Ade­más, es una indig­na­ción y una ira recon­ver­ti­ble en ener­gía polí­ti­ca para el cam­bio. Si algún sesu­do estra­te­ga ha creí­do que esta acu­mu­la­ción de indig­na­ción pue­de poner en peli­gro la apues­ta de la izquier­da aber­tza­le o las alian­zas y com­pli­ci­da­des polí­ti­cas teji­das en los últi­mos años, va lis­to. Pue­de que se con­sue­len con ese espe­ran­za, pero es una ilu­sión vana.

Esta indig­na­ción está, por el con­tra­rio, rati­fi­can­do la apues­ta por sumar fuer­zas y abrir una nue­va era. Una apues­ta irre­ver­si­ble, estra­té­gi­ca, seria y sen­sa­ta que no va a des­ca­rri­lar por pro­vo­ca­cio­nes tan bur­das como las que esta­mos padeciendo.

Esto es, exac­ta­men­te, lo que sig­ni­fi­ca un movi­mien­to uni­la­te­ral de ficha. Lo ha deci­di­do una par­te, la par­te vas­ca, lo está mate­ria­li­zan­do una par­te, la vas­ca, y no sólo no cuen­ta con la com­pli­ci­dad de la par­te espa­ño­la, sino que ésta lo inten­ta sabo­tear con todos los ins­tru­men­tos a su alcan­ce. Pero esto ya lo sabía­mos. Nos indig­na, por supues­to y debe indig­nar­nos, pero no nos sor­pren­de, por­que es lo que siem­pre han hecho, de un modo u otro. Al Esta­do espa­ñol no le gus­tan, ni le intere­san, los pro­ce­sos de paz. Eus­kal Herria sabe que sólo la movi­li­za­ción social pue­de hacer que cam­bien de opi­nión. En defi­ni­ti­va, que el suje­to del cam­bio es nues­tro pueblo.

Entre tan­to, la intran­si­gen­cia del Esta­do espa­ñol es su pun­to más débil. La indig­na­ción que pro­vo­can va a des­le­gi­ti­mar aún más al Esta­do en Eus­kal Herria y va a for­ta­le­cer al inde­pen­den­tis­mo, refor­zan­do su liderazgo.

Se está pro­du­cien­do una ace­le­ra­da cla­ri­fi­ca­ción del pano­ra­ma polí­ti­co y la socie­dad exi­ge posi­cio­nes cla­ras y fir­mes. El Esta­do espa­ñol apa­re­ce des­nu­do, sin nin­gu­na excu­sa o coar­ta­da con la que tapar sus ver­güen­zas. Ya nadie, ni el más des­pis­ta­do, pue­de creer que la fina­li­dad de la legis­la­ción de excep­ción sea com­ba­tir a ETA. ¿Es Garai­koetxea un cola­bo­ra­dor de ETA? Los mili­tan­tes de Alter­na­ti­ba que en su día per­te­ne­cie­ron a Izquier­da Uni­da, ¿se han con­ver­ti­do de repen­te en sim­pa­ti­zan­tes de ETA? ¿Las per­so­nas de dife­ren­tes sen­si­bi­li­da­des que han fir­ma­do un docu­men­to en el que recha­zan el uso de la vio­len­cia con fines polí­ti­cos siguen órde­nes de ETA?

No, el obje­ti­vo de la estra­te­gia de cri­mi­na­li­za­ción es el inde­pen­den­tis­mo. Per­si­guen a quien defien­de un esce­na­rio demo­crá­ti­co en el que la socie­dad vas­ca pue­da deci­dir entre todas las opcio­nes, inclui­da la crea­ción de un esta­do propio.

La apues­ta es seria y la res­pues­ta espa­ño­la tam­bién lo está sien­do. El acuer­do PP-PSOE está dan­do sus fru­tos en unos tri­bu­na­les supues­ta­men­te inde­pen­dien­tes. Es posi­ble que el Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal refren­de esa sin­to­nía entre las direc­cio­nes de los dos par­ti­dos prin­ci­pa­les del nacio­na­lis­mo espa­ñol y se evi­den­cie así el alcan­ce de un pac­to de esta­do para fre­nar a toda cos­ta al inde­pen­den­tis­mo vas­co y retra­sar la inevi­ta­ble lle­ga­da de un nue­vo esce­na­rio polí­ti­co en Eus­kal Herria.

Pero tam­bién es posi­ble que las disen­sio­nes ya apa­re­ci­das en el Tri­bu­nal Supre­mo en torno a Sor­tu y reedi­ta­das aho­ra con Bil­du pro­vo­quen una deci­sión dife­ren­te. Hay sin­to­nía PP-PSOE en tér­mi­nos de sumi­sión del par­ti­do de Rubal­ca­ba al dis­cur­so y has­ta las for­mas de los de Rajoy. Es evi­den­te, ade­más, que el PP se ha ple­ga­do a los dic­ta­dos de la extre­ma dere­cha más cerril. Pero tam­bién exis­ten sec­to­res de los apa­ra­tos del Esta­do que no com­par­ten estas acti­tu­des y recla­man otras res­pues­tas a los movi­mien­tos de fichas en Eus­kal Herria.

Los votos par­ti­cu­la­res de cier­tos jue­ces, nada sos­pe­cho­sos de sim­pa­tías con el inde­pen­den­tis­mo vas­co o la izquier­da aber­tza­le, son muy cla­ri­fi­ca­do­res. Se está libran­do una bata­lla den­tro del Esta­do, en el ámbi­to del nacio­na­lis­mo de esta­do, un ámbi­to cuya una­ni­mi­dad se ha roto. No sabe­mos qué depa­ra­rá esta rup­tu­ra, pero es un sín­to­ma más a tener en cuenta.

Ocu­rra lo que ocu­rra, aun­que se con­fir­me la mayor abe­rra­ción de las últi­mas déca­das, el pro­ce­so en Eus­kal Herria segui­rá. La sen­ten­cia final de los jue­ces espa­ño­les es muy impor­tan­te, pero no pue­den deci­dir qué hará Eus­kal Herria en el futu­ro. Eso sólo nues­tra socie­dad lo pue­de decidir.

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