La agen­da ultra – Iña­ki Iriondo

Una de las con­se­cuen­cias de la «uni­dad de mer­ca­do» del Esta­do espa­ñol, es que exis­te un enor­me cen­tra­lis­mo mediá­ti­co, de mane­ra que los emi­so­res madri­le­ños se con­vier­ten en «la opi­nión públi­ca espa­ño­la», pese a que en otros luga­res, como por ejem­plo Bar­ce­lo­na, pue­da haber medios tan poten­tes como los de Madrid, y tam­bién mucho más razo­na­bles, que sin embar­go no tie­nen ape­nas eco fue­ra de Catalunya.

Den­tro de ese espec­tro mediá­ti­co madri­le­ño exis­te, por moti­vos que aquí resul­tan impo­si­bles de abor­dar, una nota­ble frag­men­ta­ción y ato­mi­za­ción de perió­di­cos, radios y tele­vi­sio­nes de la dere­cha, que se ven obli­ga­dos a com­pe­tir entre sí para hacer­se un hue­co en el mer­ca­do. «El Mun­do», por ejem­plo, encon­tró un filón con­vir­tién­do­se en el alta­voz de quie­nes duda­ban de que los aten­ta­dos del 11‑M fue­ran de auto­ría yiha­dis­ta, y pre­fe­rían atri­buir­se­lo a ETA, o al tán­dem «ETA/​PSOE», de nue­vo tan de moda. Des­pués de ocho años, pro­ba­ble­men­te ya ni Pedro J. sepa real­men­te cuál es la teo­ría ofi­cial de su perió­di­co sobre el 11‑M, pero lo impor­tan­te es el negocio.

Aque­llo creó escue­la, y si uno pue­de decir que en el mayor aten­ta­do de la his­to­ria del Esta­do espa­ñol algo pudie­ron tener que ver des­de Rubal­ca­ba has­ta ETA, el res­to ini­cia una alo­ca­da carre­ra al gri­to de «rojo el últi­mo». Y así se lle­ga a la situa­ción inau­di­ta en la que nos encon­tra­mos aho­ra, don­de se empie­za a tachar de terro­ris­ta a todo vas­co que se sale de la orto­do­xia que mar­can los ter­tu­lia­nos de la caver­na, y se aca­ba insul­tan­do sin son­ro­jo has­ta a los magis­tra­dos del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal. Y lo hacen, pre­ci­sa­men­te, aque­llos que se dicen a sí mis­mos defen­so­res del Esta­do de Derecho.

La fuer­za movi­li­za­do­ra que tie­ne este sec­tor ultra se vio en la pau­pé­rri­ma mani­fes­ta­ción del 9 de abril con­tra Sor­tu, cuan­do ape­nas con­si­guió reu­nir en Madrid a 18.413 per­so­nas, según el recuen­to de la empre­sa Lyn­ce, la mis­ma que una sema­na antes con­tó 40.960 en Bil­bo en defen­sa de la legalización.
Y, sin embar­go, los redac­to­res de esa agen­da ultra tie­nen secues­tra­do al PSOE y a una supues­ta ala mode­ra­da del PP y les hacen bai­lar una y otra vez al son que ellos tocan. Nun­ca hubo moti­vo para tra­tar de ile­ga­li­zar Bil­du, y el Gobierno se tiró de cabe­za. Aho­ra el últi­mo escán­da­lo es por un cartel.

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