Las fala­cias teó­ri­cas del Ban­co Mun­dial- Eric Toussaint

Este endeu­da­mien­to sir­ve prin­ci­pal­men­te para com­prar bie­nes de equi­pa­mien­to y de con­su­mo a los paí­ses más indus­tria­li­za­dos. Los hechos han demos­tra­do día tras día, duran­te déca­das, que esto no fun­cio­na. Los mode­los que han influen­cia­do la visión del Ban­co Mun­dial con­du­cen natu­ral­men­te a los PED a una fuer­te depen­den­cia de los apor­tes exter­nos de capi­ta­les, en gene­ral en for­ma de prés­ta­mos, con la ilu­sión de alcan­zar un nivel de desa­rro­llo auto­sos­te­ni­do. Los pro­vee­do­res de fon­dos públi­cos —gobier­nos de los paí­ses indus­tria­li­za­dos y el Ban­co, en par­ti­cu­lar— con­si­de­ran los prés­ta­mos como un pode­ro­so medio de influen­cia sobre los paí­ses que se endeu­dan. Las accio­nes del Ban­co no se resu­men en una suce­sión de erro­res o de malas juga­das. Al con­tra­rio, son par­te de una visión cohe­ren­te, teo­ri­za­da, sis­te­ma­ti­za­da, que se ense­ña doc­ta­men­te en la mayo­ría de las uni­ver­si­da­des. Cen­te­na­res de libros de eco­no­mía del desa­rro­llo la des­ti­lan. El Ban­co ha pro­du­ci­do toda una ideo­lo­gía del desa­rro­llo. Cuan­do los hechos la des­mien­ten, el Ban­co no la vuel­ve a con­si­de­rar. Al con­tra­rio, inten­ta defor­mar la reali­dad para con­ti­nuar pro­te­gien­do el dogma.

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